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| El cálculo del fuego. |
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En la puerta del horno se quema el pan. Al escuchar las propuestas pre-eleccionarias, y después, confrontarlas con la realidad, reflejada en la reunión del Sr. Presidente con las autoridades de la J.N.B, todos estuvieron de acuerdo en la importancia estratégica de la Institución para nuestro país, pero estas primeras coincidencias terminaron por hundirse en lo mismo de otras veces. Que los elevados gastos operativos de los Cuerpos de Bomberos del país, que la precariedad de sus instalaciones, que el absurdo que significa gravar sus adquisiciones con el IVA, como si fueran una entidad lucrativa mas, y un largo etc. Como el Gobierno no se decide aún a enfrentar de una vez el problema, todo volvió a fojas cero.
Pero también es cierto que estas Instituciones están sujetas a las miserias de un Estado que – salvo aislados chispazos de neorriquismo- está habituada a la austeridad, cuando no sencillamente a la desidia, no sólo por convicciones virtuosas, sino también porque lo normal en las Instituciones que dependen de la ayuda gubernamental, es andar a palos con el águila. El acostumbrado desencuentro entre las necesidades de unos y las urgencias políticas de los otros quizás no sea como creen muchos un síntoma de una desafección de clase con los intereses superiores del país en lo que respecta a la seguridad. Podría ser más bien una expresión de la falta de prolijidad gubernativa respecto a ciertos tópicos. Es lo que a menudo tranca el engranaje funcional de las organizaciones y sumerge en la confusión a los gobiernos. Los riesgos no siempre están en los grandes desafíos. Están también en la sintonía fina. Algunos dicen que lo que deja ver este caso es impericia pura y dura. Otros ven aquí el efecto de una administración que todavía no sale de su fase de instalación. No faltan los que con mayor agudeza apuntan a que la centroderecha habría sobreestimado su poder para internalizar “el cambio”. El gobierno vuelve a tropezar con la misma piedra. Al final de los finales esto es lo que pasa cuando se entiende la función publica –sobre todo en el ámbito del servicio-al margen de la política. Porque no es lo mismo el servicio voluntario –incluso por un tema de mística- que la respuesta organizada bajo el alero de un empleo, con la connotación que esto lleva aparejado, con la consabida cuota de sacrificio desinteresado a ultranza. Es la vocación la que inyecta en las personas una épica, un sentido misional, un compromiso con el servicio a sus semejantes, que es fundamental para neutralizar o subestimar en la ecuación personal de costos y beneficios las estreches, incomodidades, peligros y pellejerías varias que comporta. Porque actúa bajo una distinta correlación entre el cálculo y el fuego –por representar de algún modo todas las emergencias- el bombero ni siquiera pregunta por el ítem de los costos. Entre otras cosas porque con una extraña mezcla de buenas y malas razones entiende que la lucha contra la desgracia no se juega en esas pequeñeces.
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Tomado de la columna de opinión de Héctor Soto, del suplemento de Reportajes de La Tercera del día Domingo 25 de Julio del 2010.
